Encuentro 4 : Políticas institucionales en ni arte ni educación

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Entendiendo que parte de nuestro papel como comisarias era generar situaciones de enseñanza-aprendizaje, ¿Cómo ha afectado el proyecto ni arte ni educación a la Matadero?

Este fue el eje central del encuentro 4 sobre políticas institucionales en las que nos encontramos de nuevo con Manuela Villa y Marta Orozco.

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Encuentro 3: Comunidad artística y educativa en ni arte ni educación

En este tercer encuentro la evaluación se centró sobre el proceso curatorial colectivo. Una de las intenciones originales de ni arte ni educación era que los agentes, tanto artistas como educadores, se implicaran en el proceso curatorial-comisarial del proyecto. Al hilo de la reflexión fueron saliendo las diferencias y similitudes de ni arte ni educación con otros marcos curatoriales y/o planteamientos expositivos. Una de las diferencias que más se valoró era que nuestra propuesta se planteaba como un enorme experimento de participación en el que se pretendía que la elaboración de las diferentes propuestas artísticas y dispositivos pedagógicos dialogasen entre sí, se construyesen en común.

 

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Con esta intención abrimos a los agentes nuestras sesiones previas, nos ocupamos de las activaciones individuales de cada una de las propuestas, de los afectos que se generaron como comunidad de trabajo, de las dificultades surgidas en la espacio institucional por la novedad de algunas de nuestras propuestas… ¿Cómo vivieron cada uno de los y las participantes del proyecto estas sinergias y qué impacto tuvieron realmente en sus propios dispositivos y/o proyectos individuales? ¿Cómo se establecieron las relaciones entre el proyecto individual y el proyecto colectivo?

Encuentro 2: El espacio como proyecto propio y discurso transversal

El segundo encuentro estuvo dedicado a la reflexión conjunta sobre el espacio expositivo y su relación con los proyectos de los demás agentes: ¿cómo fue el diseño y la articulación del espacio de ni arte ni educación?

El colectivo Madstock responsable de la propuesta espacial busco nuevos materiales, nuevas formas de utilizarlos y nuevos planteamientos expositivos, como las cintas slacklines que tuvieron una presencia imponente a lo largo de la sala hilvanando transversalmente las propuestas de los diferentes agentes.

 

 

 

 

 

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¿Cómo influyó todo este planteamiento en el público? ¿Consiguió el espacio expositivo generar nuevas formas de usar, habitar y participar? Partíamos de la necesidad de evitar que ni arte ni educación fuese una exposición al uso: pretendíamos generar un espacio vivo y salimos de lo que es la exposición como mausolemo. Por eso, en ni arte ni educación co-existían diferentes capas espaciales: una sala abierta a encuentros de diferentes colectivos, una exposición con dispositivos pedagógicos de arte contemporáneo pero también un espacio lúdico y familiar.

Había público que venía a disfrutar del espacio, a “estar” en la exposición, y para los que las obras presentadas eran un elemento secundario. Los sábados y domingo por ejemplo, eran momentos de familias, momentos de “me siento y ojeo un libro”, momentos photocall selfie para compartir en redes.