Anormales, la revolución de los cuerpos

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“Os habla un cuerpo que ha sido mirado, valorizado y taxonomizado como inútil, subnormal, tullido, inválido, minusválido, disminuido, discapacitado, impedido, lisiado. Nos odian los médicos, los santos, los atletas, las empresas, las naciones, los curas, los ejércitos, los grandes almacenes, los escaparates, las fabricas, la tv, las cárceles, los arquitectos, Renfe, los gobiernos, los parlamentos, la literatura, los sastres, los aviones, escuelas, Cruz Roja, los gimnasios, los manicomios… Y lo que no sea odio, es MIEDO. Miedo a que los cuerpos abyectos sean el espejo de lo que no se quiere ver: la fragilidad, la muerte, la vulnerabilidad, la imposibilidad de ser sin las demás. El cuerpo monstruoso es dinamita para los muros de la normalidad, del individualismo, del productivismo, del capitalismo, del patriarcado y del fútbol de los domingos. Muestra realidad es una cuestión de diversidad es una historia de discriminación, de opresión, de dominación contra la diferencia. Nada sobre nosotras SIN nosotras”.

Antonio Centeno  “Actos del habla”:  La revolución de los cuerpos.

Foucault, “Los anormales”, una genealogía de lo monstruoso.

Apuntes para una historiografía de la locura.    

Adolfo Vásquez Rocca 

“En “Los Anormales” curso dictado en el Collège de France entre enero y marzo de 1975, Michel Foucault prolonga los análisis en torno a las relaciones entre el saber y el poder –tal como aparecerá en sus investigaciones sobre el origen y la naturaleza de la Institución psiquiátrica: poder disciplinario, poder de normalización, bio-poder. A partir de múltiples fuentes teológicas, jurídicas y médicas, Foucault enfoca el problema de esos individuos ‘peligrosos’ a quienes, en el siglo XIX, se denomina ‘anormales’. Define sus tres figuras principales: los monstruos, que hacen referencia a las leyes de la naturaleza y las normas de la sociedad, los incorregibles, de quienes se encargan los nuevos dispositivos de domesticación del cuerpo, y los onanistas, que dan pábulo, desde el siglo XVIII, a una campaña orientada al disciplinamiento de la familia moderna, vinculado con las nuevas relaciones entre sexualidad y organización familiar.”

“El monstruo hace su aparición en un dominio jurídico-biológico representando, en su excepcionalidad, una doble infracción, al trastocar tanto las leyes de la naturaleza como las regularidades jurídicas. La monstruosidad supone una doble individualidad, la mezcla de dos reinos: el animal y el humano; de dos especies (el cerdo con cabeza de carnero); de dos individuos (un cuerpo con dos cabezas, dos cuerpos no separables); de dos sexos (el hermafrodita); de la vida y la muerte (el feto malformado que sobrevive poco tiempo). Constituye, por consiguiente, una transgresión de los límites naturales, de las clasificaciones, del marco legal, trastornando las leyes del matrimonio, los cánones del bautismo, las reglas de sucesión. El monstruo en su existencia y su forma, no sólo viola el pacto cívico, sino también de las leyes de la naturaleza-. El campo de aparición del monstruo, por lo tanto, es un dominio al que puede calificarse de jurídico, biológico y plástico. La figura de un ser mitad hombre mitad bestia (privilegiada sobre todo en la Edad Media), las individualidades dobles (valorizadas sobre todo en el Renacimiento), los hermafroditas (que suscitaron tantos problemas en los siglos XVII y XVIII) representan bien históricamente las figuras arquetípicas de esa doble infracción.

Por otra parte, el monstruo aparece en este espacio como un fenómeno extremo, límite, el punto de derrumbe de la ley y, al mismo tiempo, de la salud y lo natural. El monstruo es así excepcional, precisamente por su rareza, por su carácter de curiosidad de feria; lo que hace que un ser humano sea un monstruo no es sólo la excepción que representan en relación a la forma de la especie, sino el problema que plantea a las regularidades jurídicas (se trate de las leyes del matrimonio, de los cánones de bautismo o de las reglas de la sucesión). El monstruo humano combina lo imposible y lo prohibido.”

 

 Corporeidad posmoderna “La idea de corporeidad posmoderna aporta una herramienta muy potente para disolver los dos mitos que configuran la idea de la discapacidad y de las políticas asociadas a la discapacidad: el mito de la normalidad (el pensar que hay algo que es “normal” y el mito de la autosuficiencia, (pensar que hay individuos que pueden organizar su existencia sin contar con los demás.) Estos dos mitos que se retroalimentan sólo los podemos romper desde la idea de un cuerpo postmoderno, es decir, desde un cuerpo que apela no a la normalidad si no a la diversidad, y no a la autosuficiencia sino a la interdependencia entre los cuerpos y entre las personas.” “La sexualidad apela a lo sensible , apela al cuerpo como lugar de encuentro y por lo tanto, es imposible abordar cualquier intento de construir una imagen del cuerpo o incluso de lo que es ser persona evitando hablar de sexualidad.” (Antonio Centeno)

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